Buenas historias de Taxi | Para compartir

En la ciudad en la que vivo existen muy pocos taxistas, creo que 1 o 2 como máximo, o al menos son los que he visto en la cercanía de la terminal de omnibus hace unos meses; semejante profesión se ha visto apocada con la llegada de los remiseros, personajes que solo van detrás del dinero, de los kilómetros. Por el contrario, en ciudades como la ciudad autónoma de Buenos Aires, los taxistas suelen ser hombres de trayectoria, de calle, que saben de su profesión como los ingenieros de matemáticas, es un conocimiento casi exacto que se ha forjado con el paso de los años, de vivencias y andanzas. Ellos son testigos en primer persona y creadores de algunas de las historias – breves y no tanto – más ricas en contenido y atracción. Y como en este pueblo de 15.000 habitantes no las hay, les invito a contar sus propias historias, aquellas que han escuchado mientras viajan de vuelta a casa, o fuera el destino que fuera, de voz de un verdadero taxista, tal es el caso de Elena:

«Ni bien me subí, el taxista dijo «qué perfume más raro… ¿es pachuli?» le dije que no, aunque me venía bien porque me siento un poco hippie esta noche. Me contó que cuando era joven se había comprado el LP de Physical Graffiti y había puesto pachuli entre el celofán y el cartón; que el cartón se había puesto viejo y había tomado ese aroma avainillado que con el pachuli terminó emanando una combinación de lo más nostálgica. «Cuando llegues a tu casa, poné Cantata de puentes amarillos. Tenés Artaud, ¿no?»

Elena llegó a su casa, escuchó la canción y lo compartió en su muro de facebook, de allí mi inspiración. ¿Compartís tu historia de taxi? Espero que si ;).

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