Opiniones | «Carta de Maru Botana»

Maru Botana, la cariñosa cocinera y conductora, habla con un periodista del diario «La Nación» luego de cuatro años de la muerte de su sexto hijo, Facundo. Desde el dolor de una madre como pocas, Maru cuenta qué fue lo que sucedió y cómo siendo casi imposible, sigue adelante, quizás por el inmenso amor que siente por sus otros hermosos hijos.

Lee la carta – entrevista de Maru Botana a continuación, y dejanos tu opinión:

Hace cuatro años que perdí a mi sexto hijo, Facundo. A los seis meses de embarazo, me había hecho una ecocardiografía para controlar que en el corazón del bebe todo estuviera bien. Y así fue, era muy sano. Por entonces eran las vacaciones de invierno, y yo estaba haciendo un programa en vivo y me era imposible tomarme muchos días. Decidimos con mi marido que él se iría una semana al Sur con los más grandes y yo me acoplaría tres días con los más pequeños. A Facu lo dejaríamos con mis padres para no exponerlo al frío.

Me costó muchísimo despedirme de Facu y eso es algo que se me viene a la cabeza en todo momento. Pasamos unos días muy lindos, y mamá me llamaba varias veces al día para contarme las picardías del bebe. ¡Estaban enamorados de él! Nosotros sabíamos que era el mejor lugar para que estuviera Facu.

El día anterior a venirnos, mientras almorzábamos, le dije a Ber: «Qué linda familia formamos». A la tarde, jugué a las escondidas con los chicos y a la noche firmé delantales para chiquitos con problemas. Les dimos de cenar a los chicos, y nos relajamos con Ber en un sofá. Mientras, llamé a casa y hablé con papá, y me dijo: «Está todo bien, Maru». Pero al ratito, no sé por qué, volví a llamar: «Está todo bien, Maru, no te preocupes, mañana nos vemos», repitió.

A las 4 de la mañana, sonó el teléfono. Berni atendió, me miró y me dijo la peor noticia que alguien te pueda dar. Me abrazó muy fuerte, y me dijo: «Se murió Facu». Yo sentí en ese momento que me desplomaba. No podía ser, alguien había entendido mal… Estábamos solos, los chicos dormían. En San Martín no había vuelos y teníamos que irnos ya a Buenos Aires. Bernardo fue a la recepción y comenzó a llamar a un remís que nos viniera a buscar y, en silencio y con un nudo en la garganta, comenzamos a agarrar la ropa de a bollos y a hacer los bolsos. Cambiamos a los chicos y nos subimos a los autos, todo en silencio.

Así llegamos a Buenos Aires y ahí fue terrible el momento en que les dijimos a los chicos, en el Día de la Primavera. Ellos lloraban sin parar. Mati nos decía: «Ya no vamos a ser más seis», y nosotros le decíamos que sí. Llegamos a lo de mamá y la imagen de Facu era muy triste. Yo sentía que mi vida se había acabado.

La imagen de Facu era de paz, sentía que tenía como una luz especial. No podía entender por qué la vida me había hecho esto. Lo primero que hicimos fue decirles a mis padres que se quedaran tranquilos, que para nosotros Facu se había ido en el mejor lugar y que no teníamos dudas de que lo habían cuidado con todo su amor. Yo tenía una mezcla de sensaciones espantosas, de querer tirarme por un precipicio y de sentir que había cinco personitas que me necesitaban más que nunca.

Vino la ambulancia a buscar a Facu y sentí que me sacaban el corazón. No voy a olvidar en mi vida todas estas imágenes, las tengo grabadas como una película. Luego fuimos a casa, donde estaban los chicos, y nos juntamos con ellos a charlar con los padres Javier Dilernia y Diego Díaz Pumara, que nos explicaron la muerte y cómo enfrentarla.

En un momento, Agus me miró, y me dijo: «Ma, ¿por qué lo dejaste? Él te necesitaba». Y sentí como una puñalada. Me era imposible imaginar cómo seguir. Al día siguiente, el entierro fue desgarrador. De los chicos sólo fue Agus y los demás le hicieron un dibujito y le escribieron cartitas para poner en el cajón.

Fue muy fuerte sentir ese duelo con mi bebe, mi chiquito. Yo me había quedado con ganas de verlo crecer, caminar, correr y hacer travesuras con sus hermanos. Era tristísimo ver a Santi, el de un año, buscarlo por la casa. Fue él, Santi, el que nos ayudó con su sonrisa y sus mimos a salir.

El otro día, cuando bautizamos a María Inés, nuestra última hija, el padre Javier decía que en nuestra familia, a pesar de todo lo que había pasado, habíamos seguido adelante y que seguramente el amor nos había empujado, y ahí sentí que, a veces, cuando me sentía ahogada y abatida, una vocecita me decía: «Hay que seguir». Es difícil poder seguir, pero hay que sobreponerse. Facu es mi sexto hijo y siempre está. La verdad es que siempre lo busco, como la mamá Pata busca a sus patitos todo el tiempo. Este dolor es insuperable. Nunca se supera esta muerte, pero sí podemos seguir viviendo con ella. Y lo más importante es estar unidos y escuchar a los chicos, dejarlos hablar y que no sea un tema tabú. Facu está y estará siempre con nosotros.

Fuente: La Nación

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