¿Por qué nos molesta el otro?

El hecho de molestarse con las demás personas tiene interminables razones si hablamos desde lo personal. Siempre escuchamos, por ejemplo, decir a alguien: «no me cae bien tal porque hace o dice tal cosa«, etc. Interminable cadena de críticas y lo que sucede comúnmente previo y durante a ésto es el olvido de lo que es uno. Esto es, el criterio propio y el considerarse también «ser humano».

La persona que critica comúnmente a otras con mucha frecuencia olvida en principio sus propios errores y ante todo siempre está en actitud de justificar que sus acciones, si bien puedan ser similares a las de su «contrincante», son diferentes y mejores.

La crítica pocas veces podrá ser coherente si antes no se supo criticar a uno mismo, sin antes haber sido consciente de lo imperfecto, incorrecto y fallido de cada uno, del ser humano en general.

Una cosa es bastante clara: si nos ponemos a pensar veremos que nunca se rechaza a alguien por «ninguna razón», es decir que detrás de cada pequeña o gran molestia existe un motivo que toca una parte de nosotros. En principio nos puede resultar intolerable, pero por otro lado muchas personas pueden llegar a sentir que los destruye; otros se sienten atacados; otros vulnerabilizados y así interminables situaciones y sentimientos.

La molestia con los otros muchas veces puede ser recíproca (y comúnmente lo es). Si me molesta cierta persona seguramente le molesto también yo a él. Aunque puede existir el caso en que entre dos personas, una de las dos no sienta lo mismo a pesar de dar cuenta de ello y muchas veces sin siquiera comprenderlo, ya que no siente el mismo rechazo, o bien puede ni siquiera registrarlo. Por otro lado está la molestia con el otro que es completamente evidente y que muchas veces no podemos ocultar esa parte de nuestra persona que nos delata con simples gestos, verbalizaciones, comentarios de terceros o el simple pero tan significativo vocabulario de nuestro cuerpo.

Luego está la hipocresía, gran solapadora de malestares, que lo que intenta hacer es no entrar en conflicto con los otros y de alguna manera hacer todo un poco más llevadero y «ameno», y así aparentar ser alguien agradable que no tiene malos pensamientos hacia el otro, cuando en verdad si los tiene. Muchas veces espera para luego estallar por otro lado y de otras maneras con personas equivocadas. Es decir que la molestia que sentimos hacia los otros muchas veces es notoria y otras no tanto, aunque ésto último no pueda sostenerse por mucho tiempo.

Entonces, hagamos una lista de típicos errores que cometemos al juzgar a los demás y de las supuestas «molestias generales» que a muchos estorba.

Ausencia de autocrítica

Similar a lo que te decíamos anteriormente, la autocrítica es sumamente necesaria para no solo éste ámbito sino para todos, ya que se supone que un ser corrige sus errores a partir de haberlos reconocido previamente. Una vez que una persona realiza una autocrítica puede comprender que los demás también son imperfectos.

Ausencia de autocrítica

Resentimiento

El resentimiento es sumamente evidente y no puede dejar más que algo dañino en ambas partes.
Una persona con viejos resentimientos, los cuales nunca pudo reconocer y/o superar, los llevará a lo largo de su vida impactándole en diferentes ámbitos sin dejarle siquiera avanzar de forma positiva. No tiene absolutamente ningún beneficio.

Resentimiento hacia los demás

Egocentrismo

¿Es preciso aclararlo? Muchas veces tenemos como obvio que una persona con actitudes egocéntricas siempre resulta molesta. Pero también existen quienes confunden estas actitudes y pueden interpretarlo como un amor propio y una seguridad infranqueable, por ende concluyen que son personas fuertes y exitosas. Nada más lejos de la realidad que eso, una persona con mucho egocentrismo no es coherente con sus capacidades y siempre está en actitud de subestimación hacia los otros. Con mucha razón puede caer mal alguien así.

Egocentrismo

Envidia

La otra persona es lo que siempre quisiste ser y no pudiste; es quien se desempeña mejor que tu sin tanto esfuerzo; o simplemente es más y mejor. Ese individuo representa una amenaza y es tu visión de lo que quisiste o quieres ser y no has podido; representa el fracaso de tu vida.

Una de las actitudes/sentimientos más destructivas que puedes llegar a tener es éste. La envidia nunca fue algo constructivo a menos que lo tomes como un impulso a querer crecer, a la competencia sana, o a investigarte a ti mismo para comprender qué es lo que tanto envidias de otros y te hace perder el tiempo para así invertirlo en tu propio crecimiento.

Envidia a otras personas

El otro como mi espejo

Quizá uno de los puntos más importantes ya que es de lo más común y sucede con tanta frecuencia que se vuelve imperceptible para muchos y de forma inconsciente.

No aceptarte como lo que eres; no superar un dolor; no reconocer la versatilidad del ser humano te convierte en alguien básico en estas actitudes y por supuesto sucede que proyectas toda tu molestia de ti mismo en los otros.

El otro como mi espejo

El otro representa lo que no quieres ver de ti mismo, lo que no quisieras sepan de ti. Si en un principio no lo aceptas o no lo toleras, con toda razón quien te resulte parecido a ti te molestara en lo máximo. A eso llamamos efecto espejo.

Una vez que comiences a conocerte mejor y a sentir amor hacia tu propia persona, ya el otro, que consideras parecido, no resultará un estorbo o una molestia.

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